Aislados en aquella bóveda mugrienta, llena de bichos negros que se metían por el culo, por las orejas e incluso por las narices, se encontraba el Quinteto Escoria, reunido como pocas veces en canastita, al compas del armado que viajaba de derecha a izquierda, como la ley establece.
Las risas iban y venían. El viento no aminoraba y el tiempo pasaba lentamente. La lluvia seguía cayendo a baldes hasta que...
Desde las profundidades de aquella pequeña galería de calle Pellegrinni, sonó una voz: Estridente, pero pacífica. Buscaba algo...o pedía por algo. ¿La liberación? ¿El término de aquel terrible temporal que le impedía al Quinteto realizar sus quehaceres? No...era EL llamado, el único. Y entonces:
MIIINIIIIIIIITHHHHAAAAA!!!!!
Suave al principio, chicloso por el medio y extenso al final. Así resonó el llamado. Pero las voces de los demás integrantes estaban entumecidas, somnolientas. Sin embargo, el espíritu realzó de inmediato, y el coro cantó, cantó como nunca, en su mayor desesperación jamás sufrida. Desde cualquier sitio cercano, de seguro se escuchó el llamado de:
MIIIIIIINNNNIIIIII......
MIIIIIIINNNNIIIIII......
MIIIIIIINNNNIIIIII......
TTTTTTTTTTTTTTTTTTTTTHHHHHHHHHHAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!!!!!!!
El cielo rugió, atemorizado ante tanta energía cuántica.
El Quinteto llamaba. Y el destino cumplió.
Instantes posteriores, una persona se materializó. Cruzó la cortina de agua, proveniente del funesto temporal e ingresó al recinto.
¿Una mujer? ¿Un avión? ¿Un pájaro? ¿Superman?...
Rubia...gordita (todo no se puede). Si, era una mujer.
El Quinteto enmudeció y la chica dijo: "Hola".
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Extraído de los anales de los Reyes de Jamaica, artículo 315.
---R.S.:
Qué lindos momentos... Vivirán por siempre en los anales de las victorias anónimas de la humanidad
(por cierto yo le daba no se ustedes)
Qué lindos momentos... Vivirán por siempre en los anales de las victorias anónimas de la humanidad
(por cierto yo le daba no se ustedes)
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